Investigadores de la Universitat de València han analizado cómo las fallas en Valencia generan una estratificación social, posicionando a los barrios con menos poder adquisitivo como periferia dominada. El estudio revela que las zonas más acomodadas y céntricas controlan la fiesta, creando una élite que determina los premios y categorías, lo que limita el acceso de los barrios periféricos. A través de esta investigación, se evidencia que las fallas no solo son un símbolo cultural, sino también un mecanismo que refuerza jerarquías urbanas y sociales, afectando la participación de diferentes sectores económicos. La investigación destaca la importancia del capital económico y social en la dinámica de las fallas, sugiriendo que las crisis económicas influyen en su estructura y funcionamiento.
Investigadores de la Universitat de València han revelado en un estudio que las fallas de Valencia no solo son una celebración cultural, sino también un reflejo de la estratificación social que divide a los barrios según su poder adquisitivo. Pau Díaz, Joaquim Rius y Juan Pecourt, del Grupo de Investigación en Centro de Estudios sobre Cultura, Poder e Identidades (CECPI), han encontrado que las zonas más privilegiadas de la ciudad dominan el evento desde una perspectiva social y cultural.
El análisis destaca la existencia de una élite estable en torno a las fallas de Sección Especial, compuesta mayoritariamente por hombres de mediana edad con un alto capital económico. Esta élite establece criterios que excluyen a las fallas de los barrios periféricos, limitando su acceso a premios y reconocimientos dentro del evento.
La investigación, publicada en el Journal of Urban Affairs, busca determinar si las fallas actúan como un mecanismo que bloquea el cambio social o si representan una cultura popular vinculada a jerarquías sociales distantes de las clases trabajadoras. Los investigadores han constatado que estas festividades refuerzan la jerarquía urbana existente, creando centros y periferias culturales en Valencia.
“Las fallas generan una estratificación social que sitúa a los barrios con menos poder adquisitivo como periferia dominada”, afirma Joaquim Rius, catedrático del Departamento de Sociología y Antropología Social. Este fenómeno se traduce en que los criterios estéticos y las reglas para evaluar las fallas dependen en gran medida de la estabilidad proporcionada por las fallas de élite.
Pau Díaz señala que durante el periodo analizado (1989-2019), había aproximadamente 90.000 participantes en el evento, lo que pone de manifiesto el alto valor identitario asociado a la fiesta. Sin embargo, también se observa que no siempre tener mayores ingresos implica mayor participación; muchos barrios con menos recursos quedan marginados del ritual festivo.
El estudio revela que la crisis económica ha influido en el número de comisiones participantes en la Sección Especial, evidenciando cómo el capital económico determina la capacidad para acceder al reconocimiento dentro del evento. Durante su auge, hubo hasta 15 fallas compitiendo por los premios más prestigiosos.
Otro hallazgo significativo es la tendencia hacia la “mercantilización” de las fallas, donde algunas comisiones han adoptado dinámicas comerciales que contribuyen a la jerarquización y elitización del festival. Esto es particularmente evidente en áreas como Russafa, donde la tradición fallera se entrelaza con procesos urbanos como la gentrificación.
Los investigadores concluyen que aunque hay un deseo notable por participar en la Sección Especial por parte de algunos barrios con menos recursos, esto no garantiza éxito sin un sólido capital social. La creación de nuevas comisiones sin un respaldo comunitario puede resultar en logros temporales, como se observó con Nou Campanar.
Díaz Solano, P., Rius Ulldemolins, J., & Pecourt Gracia, J. (2026). Festive culture, social hierarchization, and urban inequality: Analysis of the fallas of València (1981–2019). Journal of Urban Affairs, 48(1), 241–258.
Los investigadores del Grupo de investigación en Centro de Estudios sobre Cultura, Poder e Identidades (CECPI) de la Universitat de València concluyen que las fallas refuerzan la jerarquía urbana preexistente, creando centros y periferias culturales. Los barrios con menos poder adquisitivo son considerados como periferia dominada.
Los autores del estudio son Pau Díaz, Joaquim Rius y Juan Pecourt, investigadores de la Universitat de València.
El estudio señala que las fallas generan una estratificación social que limita la participación de los barrios periféricos en la celebración, ya que están dominadas por una élite con alto poder adquisitivo.
El capital económico es un factor crucial para acceder a las fallas de Sección Especial. Aquellos barrios con menos recursos pueden quedar marginados del ritual, lo que demuestra cómo las crisis económicas alteran la lógica de premios y el número de fallas participantes.
Se destacan tres fallas (Plaza de Pilar, Na Jordana y Convento de Jerusalén) que muestran una hegemonía en el sistema de premios debido a su alto capital económico y social. También se menciona el caso de Nou Campanar como un ejemplo donde el capital económico no siempre se traduce en capital social.