Vergüenza tienen que estar pasando los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado cuando ven a una delegada sordomuda y a un presidente del perpetuo socorro que no mueven ficha. Tristeza me da querer ser lo que no puede ser, una autonomía.
El complejo de la derecha española lo conocemos desde que los altos cargos de la UCD de Adolfo Suárez presumían de que eran tan demócratas que su secretaria era socialista, o incluso comunista. Y así les fue.
La euforia, por unos magníficos e inesperados resultados en Andalucía, no puede conducir a Vox a pretender ir más allá en sus exigencias de lo que suponen sus doce escaños.
Vi que mi marino anda estos días desorientado y observa con atención las noticias sobre la irrupción de VOX, y la polvareda que han levantado sus propuestas.