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Carlos González

Con esta serie de artículos quiero abordar la evolución de la consciencia de la humanidad, de los seres humanos en su conjunto -ya sé que unas culturas han avanzado más que otras- para que nos pongamos de acuerdo en una posible concepción del mundo válida para toda la Especie Humana, que nos ayude a caminar en estos tiempos, ciertamente, azarosos.

Si ha quedado claro hasta la extenuación que cualquier objeto, ser vivo o situación no es más que un equilibrio momentáneo de fuerzas en contraposición, debemos adentrarnos en un tema ciertamente controvertido, La Fuerza. Y, además, hemos de intentar ser certeros, porque pueda dar lugar a muy desagradables equívocos.

Al comenzar a explicar el mundo se dejó claro que todo lo existente no son más que equilibrios, y además con estas características: Relativos, Subjetivos y Circunstanciales.

Para comprender nuestro espacio tiempo es imprescindible que entendamos la dualidad: Frio-calor, noche-día, sístole-diástole, expansión-contracción…

Al analizar desde fuera con un estudio riguroso los animales de grupo, observamos en todos ellos que al lado del líder siempre existen varios machos o hembras –tal es el caso de las elefantas- que sustentan al grupo y ejercen un liderazgo claro sobre los demás.
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Como seguimos estudiando y comprendiendo cómo se forman, mantienen y destruyen los grupos sociales organizados, y ya hemos aceptado cuales son las premisas que crean cualquier situación, es decir, Presión, Tensión y Equilibrio, es imprescindible que incorporemos a estas, para un más profundo análisis, un concepto que hasta ahora, en la historia de las religiones e ideologías, no se ha aportado nunca… Dinamicidad.

Cuando analizamos las jerarquías, podemos entenderlo en dos sentidos muy amplios…

En los grupos animales podemos decir que los simples administrados son más difíciles de encuadrar porque casi todos los miembros de la manada tarde o temprano serán jerarquía o alcanzarán a ser élite.