Por nombrar una de mis publicaciones, en un twitt en el que me oponía a las cuarentenas forzadas, se produjeron hasta ahora 7000 interacciones y 300 mensajes con fuertes insultos (y 210 “likes”). Mi reacción fue doble, por un lado, la sensación de estar en lo cierto ya que, cuando insultan tanto, es que a falta de argumentos no les queda alternativa que agredir y, como no pueden por la razón, imponen sus ideas por la fuerza.